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Diálisis

Cuando la insuficiencia renal llega a unas fases avanzadas, es preciso plantear el inicio de diálisis. Es posible que el paciente se encuentre aparentemente bien, y que incluso no sienta ninguna manifestación clínica y por tanto no entienda por qué es necesario iniciar ya el tratamiento con diálisis, es por ello que el seguimiento del diagnóstico por parte de un nefrólogo certificado es de suma importancia.

La diálisis es la técnica que sustituye parcialmente la función de los riñones, como es la función depurativa y normalizadora del líquido y la composición de la sangre. Para ello, se utiliza una membrana que contacta con la sangre, que actúa a modo de filtro a través de la cual se produce la filtración de la sangre imitando a la que realizan los riñones. Las funciones de formación de eritropoyetina (es una hormona producida por el riñón, cuya función es mantener constante la concentración de glóbulos rojos en la sangre) y la producción de la Vitamina D activa, no se llevan a cabo como es lógico en este tipo de procedimientos, por tanto deben ser añadidas al procedimiento, el cual también deberá ser tratado y supervisado por el nefrólogo.

Síntomas y signos clínicos que indican la necesidad de iniciar una diálisis
  • Digestivos: Náuseas y vómitos generalmente matinales. Ardor de estómago.
  • Locomotor: Cansancio fácil, debilidad muscular, fracturas óseas.
  • Cardiovascular: Hipertensión de difícil control, fallo cardiaco, pericarditis, sensación de falta de aire.
  • Cutáneos: Prurito y comezón generalizado. Heridas cutáneas por depósitos de calcio.
  • Hematológicos: Anemia, trastornos de coagulación, tendencia al sangrado.
  • Sistema nervioso: Hormigueos, movimientos involuntarios como espasmos en cara o miembros, temblores, tendencia al sueño o insomnio, pérdida del nivel de conciencia.
  • Desnutrición: Falta de apetito, pérdida de peso y masa muscular.
¿De qué depende cuando iniciar con diálisis?

La decisión de cuándo hay que empezar diálisis, dependerá de un conjunto de aspectos clínicos y analíticos que el nefrólogo especialista analiza y dará a conocer al paciente. Por un lado, se tiene en cuenta los síntomas y signos y por otro las alteraciones que hayan sido identificadas mediante estudios de laboratorio que pueden acarrear complicaciones graves en la salud del paciente.

Por lo general y a pesar de una aparente situación clínica estable, se debería empezar diálisis cuando la función renal está entre un 8-12%. Hay situaciones sin embargo, en las que puede ser beneficioso esperar un poco si la situación psicológica del paciente lo exige o si se está pendiente de la realización o maduración de un acceso vascular o peritoneal, pero siempre que la situación clínica y analítica lo permita, el nefrólogo es el especialista calificado para determinarlo.

Diálisis peritoneal y hemodiálisis

La Diálisis Peritoneal:

La diálisis peritoneal se realiza en la cavidad abdominal y utiliza como filtro la membrana natural peritoneal que rodea a toda la cavidad. Para que la depuración de la sangre pueda llevarse a cabo, se introduce a través de un tubo blando de silicona en la cavidad abdominal, a través del cual se infunde un líquido especial (líquido de diálisis) que se recambia periódicamente. Es una técnica sencilla que con la supervisión inicial de un especialista, puede facilitar su realización en el domicilio para comodidad del paciente.

La Hemodiálisis:

En este técnica se utiliza la sangre del paciente, haciéndola pasar a través de un filtro artificial en el exterior, es a nivel de este filtro donde se realiza la función de depuración y normalización del líquido y composición de la sangre. Es una técnica que se realiza fundamentalmente en unidades hospitalarias o en centros de diálisis.

¿Qué diferencias hay entre ambos tipos de diálisis?

A grandes rasgos podríamos decir que ambas técnicas son superponibles en su función de sustituir parcialmente la función renal. La diálisis peritoneal se realiza en el domicilio y es el propio paciente el que se la realiza después de un periodo de aprendizaje supervisado, es continua a lo largo del día y por tanto más fisiológica y sobre todo, permite al paciente realizar con mayor libertad su actividad social y laboral habitual.

La hemodiálisis normalmente se realiza en unidades hospitalarias o centros de hemodiálisis, por lo general 3 veces a la semana (en algunos se hace diaria y más corta) a días alternos y en unos horarios fijos preestablecidos, esto impide en muchas ocasiones la conciliación con la actividad laboral y social, además que el hecho de ser una técnica intermitente hace que sea menos fisiológica por cambios más bruscos.

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